A un año del asesinato de Eduardo ‘Chasqui’ Córdoba, bandas de sikuris, familiares y amigos se juntaron el martes por la noche en Plaza de Mayo para pedir justicia. El joven músico fue ultimado por la Policía Federal frente a la comisaría 36 de Villa Soldati, en el suroeste de la ciudad de Buenos Aires, cuando regresaba de un ensayo de la banda Sartañani. José Córdoba, hermano del sikuri, adelantó a Indymedia que pedirán el cambio de fiscal, la elevación a juicio oral de la causa y la prisión preventiva del autor material, subinspector César Javier Pereyra, que está libre porque la Justicia considera que no hay riesgo de fuga.
La última noche antes de morir Chasqui propuso ir a Plaza de Mayo junto a todos los sikuris “levantando whipalas, soplando nuestras cañas y compartiendo la música con el Abuelo Fuego, para así demostrar que las culturas milenarias del Abya Yala seguimos vivas”, recordaba la gacetilla de la banda Sartañani convocando a la actividad del 22, en la que se cumplió su deseo.
La policía quiso impedir la protesta porque la concentración no estaba autorizada, pero finalmente desistió. La actividad consistió en un gran círculo con músicos, familiares, amigos, y miembros de organizaciones de pueblos originarios. Luego de dar rondas en torno a la Pirámide de Mayo, tal como hacen las Madres y Abuelas, se dijeron algunas palabras. José Córdoba, quien habló de parte de los familiares, pidió a los presentes que sigan unidos para luchar, más allá de ese día, y agradeció el apoyo. Por su parte Cristian, de Sartañani, recordó a Chasqui como una persona muy espontánea y contó que su última noche, en la reunión de la banda, se charló de organizar una actividad en apoyo a comunidades avá guaraní. “Por eso nos quedamos hasta tan tarde esa anoche, en la cual jamás volvió a su casa”.
“Para nosotros fue lamentable haber perdido un hermano sikuri, un hermano más de lucha”, agregó Cristian. También explicó que en la banda de sikuris “siempre reclamamos el no olvido, haciendo memoria por las cosas que van sucediendo para que no vuelvan a suceder. El gatillo fácil sigue sucediendo, año tras año, día tras día. No hay que hacer oídos sordos. Hay que denunciar este tipo de atropellos”, concluyó.
Lo mejor que podemos hacer en este momento es lo que justamente quiso Eduardo, tocar y dar la vuelta por acá, hacer acto de presencia como sikuris y mantener la armonía todos para seguir unidos”, dijo Wayra Aru, del Centro Cultural Wayna Marka. Antes hizo hincapié en que estas situaciones se repiten “a lo largo y ancho” del país, mencionó a los aborígenes chaqueños muertos por desnutrición y recordó el caso del joven boliviano Edgar Espejo, quien quedó parapléjico tras la brutal agresión de dos policías de civil que lo interceptaron a la salida de un restauran de Flores Sur, en marzo de 2006.
Durante la actividad un miembro de la CORREPI invitó a la conmemoración del 17 aniversario del asesinato de Walter Bulacio – uno de los primeros casos de asesinatos policiales que logró una amplia repercusión pública – realizado el viernes en el Obelisco.
Discriminación y gatillo fácil
Con 31 años, Eduardo Córdoba era músico, artesano y vendedor de la revista Hecho en Buenos Aires. Morocho y de pelo largo, “se sentía un indio y defendía esa identidad. Se vestía como tal y andaba así”, recordó su hermano José en una entrevista publicada en Prensa De Frente en julio 2007. A las 2.40 de la madrugada del domingo 22, luego del ensayo de Sartañani, junto a un amigo tomó un colectivo de la línea 76 para regresar a su casa en el barrio Zabaleta, en Barracas. Su aspecto no fue del agrado del chofer del colectivo, César Anibal Díaz, descrito por un testigo como un hombre rubio y de pelo corto. Ni bien subieron hubo un cruce de miradas y más tarde, palabras, forcejeos y golpes. El conductor cerró todas las puertas del vehículo y a toda velocidad se dirigió a la comisaría 36. El amigo de Chasqui saltó por la ventanilla con la manos en alto y fue detenido. En tanto el subinspector César Javier Pereyra asesinó de un tiro por la espalda al joven sikuri, quien al principio fue acusado de intento de robo a mano armada.





Tu mirada, águila de libertad, cuántas veces habrá mirado el cielo. Escuchar llanto, morir incesante, tenaz, está muerte viva. ¡Oh, Tata Inti, Sol! ¿Qué te está pasando en tus hechuras estrictas? Las rosas, las piedras, las estrellas ariscas, la carne que se gasta como una hoguera encendida por el canto, por el sueño, por el color de la vista, por una voz siniestra, vacía, que llega al mundo escondiendo su catástrofe infinita. Ladradores amigos caminan, son oídos, miradas, experiencias, eso hace que palpite nuestro corazón. Con asma me siento, ahogado respiro, sólo dejo caer huellas, caer lágrimas. ¡Vamos, Che! Así retrocederán, llenos de vergüenza los que confían en los ídolos. ¡Jallalla!
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